Esta entrada de blog está escrita por Adrián Colino Barea y cuenta la #StoryBehindThePaper del artículo “Herbivore and mesocarnivore carcasses trigger divergent short-term changes in soil properties“, publicado recientemente en Journal of Animal Ecology. Este estudio exploró las diferencias en la actividad de los carroñeros y en las propiedades del suelo en cadáveres de mesocarnívoros y herbívoros.
Amanece en el Parque Regional de Sierra Espuña (Murcia, España) y el paisaje se percibe austero y silencioso. El aroma del romero impregna las laderas pedregosas cubiertas de esparto y pinos: una tierra forjada por el calor, el frío, la sequía y el tiempo. La falta de nutrientes en el suelo es crónica. La vida aquí persiste bajo fuertes limitaciones, y la muerte es un destino inevitable. Sin embargo, los finales se transforman en nuevos comienzos: el cadáver de un animal se convierte en una valiosa entrada de recursos en un ecosistema donde cada gota cuenta.
Durante el trabajo de campo, nuestro equipo dedicó muchas visitas a lugares donde colocamos cadáveres de animales. Mientras revisábamos las cámaras trampa, nos arrodillábamos sobre suelos que, pocos días antes, eran indistinguibles de su entorno. Algunos de los cadáveres que instalamos y monitorizamos eran grandes — arruís (Ammotragus lervia), herbívoros introducidos hace décadas desde el norte de África. Otros, en cambio, eran mucho más pequeños — zorros rojos (Vulpes vulpes), pequeños carnívoros conocidos por cualquiera que haya salido al campo al atardecer en prácticamente cualquier punto del hemisferio norte. A priori, estas muertes podrían parecer ecológicamente equivalentes. Sin embargo, pronto descubrimos que quién muere importa — profundamente — a nivel del suelo.

Los cadáveres como pulsos de nutrientes
Los cadáveres animales no solo representan el final de una vida individual. Desde un punto de vista ecológico, constituyen un pulso intenso de materia orgánica y nutrientes. La carroña activa la actividad microbiana y altera la química del suelo. Además, una comunidad diversa de animales carroñeros consume estos restos, lo que puede agotar esta fuente de nutrientes y redistribuirlos en otros lugares. Este es un ejemplo de libro de zoogeoquímica: animales modulando ciclos biogeoquímicos.
En ecosistemas áridos, estos pulsos son especialmente importantes. Los nutrientes llegan de forma esporádica y la actividad biológica suele responder en breves episodios. Un cadáver en Sierra Espuña no es simplemente alimento para los carroñeros, sino un experimento localizado y en tiempo real de redistribución de nutrientes.
Sin embargo, no todos los cadáveres son iguales. Carnívoros y herbívoros difieren en su composición corporal, tamaño y, de forma crucial, en la respuesta que generan en los carroñeros. Estudios previos han demostrado que las carroñas de carnívoros suelen persistir más tiempo en el medio que las de herbívoros, a menudo porque los carroñeros vertebrados los consumen más lentamente. Esto planteó una cuestión sencilla pero poderosa: ¿las diferencias en el tipo de cadáver y en su consumo por carroñeros dan lugar a efectos distintos sobre los suelos?
Explorando el vínculo entre carroñeros y suelos
Para abordar esta pregunta, instalamos 39 carroñas en Sierra Espuña: 20 zorros y 19 arruís. Cada carroña fue monitorizada mediante cámaras de fototrampeo para registrar las visitas de carroñeros y sus patrones de consumo. Al mismo tiempo, muestreamos los suelos bajo los cadáveres antes de su colocación y cinco meses después para evaluar cambios en distintas propiedades físicas, químicas y biológicas.
Nuestras cámaras revelaron dos historias muy diferentes. Los cadáveres de arruí atrajeron una respuesta rápida e intensa de los carroñeros: llegaron pronto y consumieron toda la carroña en poco tiempo. Los cadáveres de zorro, en cambio, persistieron. Pese a ser visitados por un conjunto igualmente diverso de carroñeros, el consumo fue más lento y fragmentado. Semanas después, aún quedaban restos. A pesar de su menor tamaño, las carroñas de zorro permanecieron más tiempo en el entorno y, por tanto, interactuaron durante más tiempo con el suelo que las de arruí.

Estos patrones no fueron simples curiosidades. Aunque los carroñeros dejaron señales visibles — huellas, plumas, huesos dispersos —, su impacto tuvo un efecto más patente y duradero bajo tierra. Todas las carroñas incrementaron la conductividad eléctrica, la disponibilidad de nutrientes y la actividad microbiana del suelo. Sin embargo, la magnitud y la naturaleza de estas respuestas dependieron en gran medida del tipo de carroña.
Los suelos responden de forma distinta según el tipo de carroña
Pese a su menor tamaño, las carroñas de zorro incrementaron las propiedades bioquímicas del suelo de forma más intensa y persistente que las de arruí. Su prolongada interacción con el suelo potenció la respiración microbiana y la actividad enzimática. En contraste, los cadáveres de grandes herbívoros aportaron un pulso más intenso pero breve. Los nutrientes llegaron rápidamente y fueron redistribuidos o eliminados con rapidez, dejando una huella bioquímica más débil bajo los herbívoros a lo largo del tiempo.
Un resultado llamativo fue el papel de las propias comunidades de carroñeros. La riqueza de especies de carroñeros consumiendo una carroña moduló las respuestas del suelo, en particular la estabilidad de los agregados del suelo y la actividad fosfatasa. En nuestro marco de estudio, la estructura física del suelo no se vio afectada por la presencia del cadáver ni por su tipo, sino por quién lo consumió.

Los carroñeros influyen en la descomposición de la carroña, la incorporación de materia al suelo y la redistribución de nutrientes en el espacio. A través del pisoteo, la defecación y el consumo parcial, modelan activamente la interfaz entre la carroña y el suelo. Nuestros resultados señalan a los carroñeros como reguladores (generalmente ignorados) de procesos geológicos, conectando la biodiversidad sobre la superficie con el funcionamiento del suelo.
En conjunto, nuestros hallazgos sugieren que las carroñas de mesocarnívoros y herbívoros desempeñan papeles distintos pero complementarios en los ecosistemas áridos. Esto resulta especialmente relevante en sistemas limitados por nutrientes, donde el funcionamiento del ecosistema depende del momento, la magnitud y la diversidad de las entradas de recursos. Incluso después de la muerte, los carnívoros ejercen una influencia desproporcionada sobre procesos ecosistémicos.
Leer el artículo:
https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1365-2656.70214